EVOLUCION EN EL BUDO
ESTADOS DE EVOLUCIÓN EN EL BUDÔ

Existen cinco estados antes de alcanzar la perfección en la vía del Budo, perfección que está más allá de estos cinco estados. En la tradición secreta (Hi-Den) se hace mención, para definir las diferentes etapas de evolución espiritual, al simbolismo del stupa (gorín) japonés, constituido por cinco elementos y por cinco figuras geométricas cada una de ellas constituyendo un medio de identificación entre la forma y su esencia o entre el hombre y la Divinidad Universal. Este sistema está aún vigente en nuestros días para instruir a aquellos que se preparan para enseñar.
 
EL ESTUDIANTE
Hasta el primer dan, aquel que se entrena en un dojo no es más que un simple estudiante, un alumno aún poco integrado a la vida de grupo del dojo. Es durante este período que se elimina la mayor parte de los alumnos para los cuales el Budo no es la vía a seguir. Estos alumnos son probados y su carácter fortalecido. Es sobre ellos que recae la tarea de limpiar el tatami y el dojo. Durante el noviciado, su moralidad es sometida a numerosas pruebas. El instructor o sensei requiere de sus discípulos la igualdad de humor, el silencio, el coraje, la perseverancia, la amabilidad, la paciencia. Es una etapa de prueba durante la cual el cuerpo es domado y después moldeado. Se aprende a caminar, a equilibrarse, a respirar, hasta llegar a obtener una salud fuerte y dinámica. Hasta aquí, sólo las bases del arte escogido son enseñadas a través de la diversidad de las técnicas (waza). Como para todo debutante, la percepción (llamada sen) es lenta y basada únicamente sobre la percepción objetiva de los cinco sentidos, las defensas son realizadas con la fuerza muscular (chikara) y no tiene ninguna coordinación aún (Iki-Ai).

DISCÍPULO

Al segundo dan, el discípulo ya no es un novicio, puesto que voluntariamente ha aceptado las reglas de disciplina y la enseñanza, algunas veces severa, del sensei. Aquello que éste ordena será cumplido por su discípulo sin que una palabra de réplica salga de sus labios. Tal es la ley del Budo, ya que una confianza absoluta debe establecerse entre el sensei y su discípulo. El discípulo es elevado del estado bruto de la tierra hacia el elemento de la emoción, donde insistirá el sensei a fin de que sea firme ante el miedo, la agresividad, la crítica, la timidez y, en definitiva, ante los sentimientos perturbadores que asaltan al practicante durante los combates libres (ju-kumite y ju-randori).

Cuando ha llegado a purificar (o controlar) sus diferentes reacciones emocionales, el discípulo recibe una atención particular por parte del sensei. Su sentido del combate se agudiza y sus defensas, esquivas, t os, proyecciones, etcétera, son proporcionales a los ataques. Por otra parte, es capaz de hacerse uno con el adversario partiendo al mismo tiempo que él. En este grado y para desarrollar su poder dinámico (Kime) y su intuición, la práctica de la meditación (zazen) llega a ser indispensable.
 
DISCÍPULO ACEPTADO
Al tercer dan, el discípulo es reconocido y cualificado para que un día pueda llegar a ser instructor. Al llegar a este grado se convierte en discípulo aceptado por el sensei y le son confiadas instrucciones personales. Algunas veces trabaja con el sensei para demostrar a los otros alumnos ciertos principios técnicos. Puede también supervisar el entrenamiento de los estudiantes menos avanzados. Se beneficia de ciertos privilegios debidos exclusivamente a su perseverancia y a sus cualidades morales. En las enseñanzas del antiguo Budo está escrito que el tercer dan no es adquirido sino a través de diez largos años de dura labor. Antiguamente, un discípulo debía tener un dominio perfecto de su mente (el elemento fuego) durante la acción.
 
RENSHI
Este titulo comprende tres grados: cuarto, quinto y sexto dan. Renshi (literalmente, instructor) es una etapa capital, puesto que a partir de este momento el practicante está autorizado a tener su propio dojo. Antes de haber adquirido el grado de Renshi en una disciplina, un profesor es incompetente y peligroso. Es también a partir de este grado cuando una enseñanza le es conferida por el sensei, concerniente a los puntos vitales y la estructura nerviosa del cuerpo humano.
 
RENSHI 4º DAN
El grado de Renshi hace de un buen practicante un experto. Es aquí donde desgraciadamente (frecuentemente ocurre en Occidente), por interés o por orgullo, muchos se hacen pasar por maestros, sea porque hayan adquirido algunos títulos en campeonatos, sea porque enseñan en regiones poco informadas sobre el verdadero Budo. Algunos Renshi se inclinan hacia la enseñanza y otros hacia la competición. Sin embargo, tanto los unos como los otros deben entrenarse sobre otros niveles de conciencia y desarrollar en ellos KOKORO, un estado de espíritu cercano a la Facilidad, donde toda acción es percibido en la unidad de la esencia universal. Es a partir de este grado y únicamente si son dignos que les pueden ser desvelados en profundidad ciertos ritos o técnicas espirituales (himitsu) en vistas a una integración más profunda entre el alma y la personalidad. Sin este esfuerzo de integración la personalidad puede degenerar por el deseo de poder, lo que ha ocurrido con numerosos expertos japoneses que han llegado a Europa.
 
RENSHI 5º DAN
Tal experto posee (o debería poseer) el dominio de su personalidad constituida por un cuerpo físico, por un cuerpo emocional y por un cuerpo mental. Cuando esta triplicidad es purificada y alineada, una fusión puede ser realizada con los planos de conciencia espirituales, a fin de acceder a este estado que los japoneses llaman Iro-kokoro. Alcanzando este objetivo, el Renshi percibe el fin verdadero de su vida y el plan subyacente en la vida universal. Su voluntad propia es entonces reemplazada por la voluntad divina, en donde la sabiduría universal ordena y dirige, por la Ley y el Verbo, la creación entera. Esta entrada en la corriente ascensional le permite experimentar ciertas experiencias espirituales como aquellas realizadas por el Maestro Morihei Ueshiba, que le revelaron la vía del Aikido.
 
RENSHI 6º DAN
Hay muy poco que decir sobre este grado, sino que éste mejora sin cesar el dominio del arte por el dominio de sí mismo.

KYOSHI

Este título es concedido a los séptimos y octavos danes. No es ni técnico ni honorífico, sino que corresponde a un grado de perfección interior. Raros son aquellos que alcanzan estos grados y solamente un auténtico Maestro puede discernirlos, es decir, un Maestro con visión interior que ha sobrepasado el mundo de las apariencias y ha pasado por todas las etapas anteriores.

En el estado de kyoshi no existe ningún espíritu de venganza, de lucha, de codicia, de crítica, de agresividad, de mentira, de pereza ni de debilidad. El buen grano, por innumerables sufrimientos y duros esfuerzos, es separado de la cizaña. Tal personaje no es utopista, idealista o extremista, al contrario, es profundamente realista, percibe los conflictos humanos y ha decidido remediarlos. Aunque aún está muy lejos de ser un sabio, el Kyoshi ha cavado un abismo entre él y el mortal común. Tales seres existen y aportan amor, conocimiento y luz a la Humanidad. Un plano de experiencia interior. Es por lo que un kyoshi no hablará jamás sobre él mismo y no hará jamás ostentación de su maestría o de sus títulos, si los tiene, ya que numerosos son los que llegados a este grado, han desdeñado los danes, demostrando así su verdadera identidad espiritual.
 
SHIHAN
Shihan
es un titulo honorífico dado a los Maestros por sus alumnos en señal de respeto, ya que jamás un verdadero Maestro se atrevería a tal honor. El shihan no puede ser etiquetado. Algunas veces silencioso, otras ruidoso, dulce hoy, duro mañana, se adapta con justicia a todas las circunstancias y trata en perfecta armonía con toda manifestación viviente. El shihan puede ser comparado al gurú hindú, al cual los discípulos han confiado sus vidas sin condición. El shihan, siendo un hombre-divino, se acerca al estado puro de la divinidad. Su conocimiento no es intelectual, sino que radia de su yo espiritual superior. El shihan domina la vida temporal por lo espiritual, así es dado a estos seres conocer los pensamientos de otros, curar por imposición o por oración y dominar todo obstáculo destructor.

El Maestro al cual nos estamos refiriendo no es ya humano sino divino. Es aquel que la tradición Oriental llama un Maestro de Sabiduría o Boddhisatva. Tales seres nos son bien conocidos a lo largo de la Historia: Confucio, Sankharacharya, Apolonio de Tiana, Platón, Pitágoras, Nagarjuna, Kukai, Buddha, Krishna, Jesús...

No amar el magisterio ni la materia de los mortales, y aparentar ignorancia siendo iluminado, éste es el secreto de toda maravilla.
 
Lao T´sé

El Maestro sólo es maestro porque, olvidándose de sí mismo, ha transmitido su saber a sus alumnos, y a través de ellos a todos los que vendrán más tarde. El discípulo sólo es discípulo porque se entrega totalmente a su maestro.

Morihei Ueshiba 

Por Michel Coquet y Carmelo Rios
(Extracto del libro Budô Secreto, Capítulo: SENSEI: MAESTRO)
Editorial Obelisco.
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